Luchadores de la economía popular y solidaria -Talabarteros- en Cañar.

agosto 22 - 2016

La talabarterÍa es un arte en piel. Manuel Alvarez y Miguel Calle, son los Últimos artesanos en este oficio que quedan en la capital cañari. Ellos, luego de un proceso natural de secado al sol, transforman el cuero de animales en objetos para el campo, principalmente. Este oficio es toda una tradición y denota la riqueza artística e imaginación de sus artesanos.

Pese al poco interés de las nuevas generaciones, los defensores de este arte aseguran que, por ser accesorios útiles del campesino, siempre tendrán demanda. Monturas, botas de cuero, cinturones y chicotes para caballos, son los principales artículos que elaboran Alvarez y Calle. 

 

Sus talleres están ubicados en la calle Bolívar, entre San Antonio y Tarqui. Adentro el olor natural de las pieles de borrego, chivo, becerro y otros animales, concitan la atención de los clientes que llegan a adquirir algún accesorio. Son texturas en proceso de tratamiento hasta lograr propiedades de resistencia y flexibilidad para trabajarlas.

Alvarez camina despacio en su taller y muestra la variedad de monturas de su creación. Aprendió este oficio cuando era niño, ganando un sucre semanal. Su primera experiencia con la talabartería fue como ayudante curtidor del cuero. Lo hacía de forma manual usando mucha agua y la cashca, una planta traída del cerro Huayrapungo.

En aquel tiempo, el también usaba zamarros de piel de borrego en invierno, cuando el frío calaba los huesos, la neblina se imponía y llovía granizo. Entonces, le entró más el gusto por este arte. De su maestro, José Cantos, se le graboó la frase: “el trabajo y el ahorro son la base de la vida”. Y tenía razón, dice: “Debemos valorar lo que sabemos hacer porque es el pan de cada di?a para nuestras familias”, comenta sonriendo mientras lija unas tiras de cuero.

Manuel Alvarez aprendió la talabartería para no estar vago y para ayudar económicamente a su mamá, pero con el tiempo la convirtió en su pasión. En su taller prepara, mide, corta, empata y cose los cueros con extraordinaria concentración para obtener las monturas, cinturones, zamarros...

La talabartería es un arte laborioso ancestral. Alvarez sabe que este oficio corre el serio riesgo de desaparecer porque sus hijos tampoco aprendieron de su habilidad “Cuando me retire de este trabajo no habrá quien continúe”.

Para estos artesanos, que otras personas aprendan este arte podría evitar la migración y que se mantenga una de las tradiciones que valoraban más las anteriores generaciones. 

 

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